Erase una vez el joven mercader de Boston, quien según cuenta su historia en 1849 se vio atrapado en el fervor de la fiebre de oro en California. Vendió toda sus posesiones para buscar fortuna en los ríos de California, los cuales, según le habían dicho, estaban llenos de pepitas de oro tan grandes que apenas se podían cargar.

Día tras día el joven sumergía su batea en el río y salía vacía. Su única recompensa era una pila creciente de piedras. Desalentado y en ruina estaba listo para abandonar la empresa; hasta que un día un viejo buscador de oro con experiencia le dijo: "Muchacho, vaya montón de piedras que tienes ahí"
El joven le respondió: "Aquí no hay oro, me voy a volver a casa"
El viejo buscador de oro caminó hacia el montón de piedras y dijo: "Claro que hay oro aquí, solo que tienes que saber donde buscarlo"; tomó dos piedras en las manos y golpeó una contra otra.Una de las rocas se partió y mostró varias partículas de oro que brillaban bajo el sol.
Mirando la bolsa de cuero repleta que el buscador de oro tenía atada en la cintura, el joven dijo: "Busco pepitas como las de a bolsa, no partículas microscópicas."
El viejo buscador le mostró la bolsa al joven, quien al mirar dentro esperaba ver varias pepitas grandes de oro, pero se dio cuenta que estaba llena de muchas partículas de oro.
El viejo buscador dijo: "Hijo me parece que estas tan ocupado buscando pepitas grandes que te pierdes la oportunidad de llenar tu bolsa de estas partículas preciosas de oro. La acumulación paciente de estas partículas me ha dado una fortuna"

Este relato ilustra la verdad como Alma enseñó a su hijo Helaman: "Por medio de cosas pequeñas y sencillas se realizan cosas grandes..."
Y por medios muy pequeños, el Señor... realiza la salvación de muchas almas. (Alma 37:6-7)
Para tener éxito en la vida tenemos que buscar esas partículas, es decir esas acciones pequeñas, pero seguras que hacen que nuestras actividades se realicen.
Si deseamos que Dios nos bendiga, necesitamos hacer crecer nuestra fe poco a poco llenado de partículas de sabiduría nuestra mente para no caer en errores.Si deseamos vivir virtuosamente hay que enfocar nuestra atención a los pequeños consejos que las escrituras nos enseñan para poder imitar lo bueno y desechar lo malo.
Una gran edificación se hace ladrillo a ladrillo, así como nosotros debemos progresar poco a poco para vivir una vida recta y servir a los demás.