Aprender a ver a los demás tal como lo hace el Salvador proporciona grandes galardones. Las siguientes son algunas sugerencias que pueden ayudarnos al esforzarnos por lograr dicha meta.
• Llegue a conocerlos
Haga el esfuerzo de llegar a conocer a las personas más allá de los detalles superficiales. Tenga presente que entablar una relación requiere tiempo y un esfuerzo sincero (véase el artículo de agosto de 2018: “Principios para ministrar: Cultivar relaciones significativas” a fin de obtener ayuda).• Auto examínese
Ponga atención a los prejuicios que pueda tener de forma consciente o inconsciente. Considere las pre suposiciones que hace sobre otras personas e intente comprender por qué tiene esa opinión de ellas.• Refrene los prejuicios
Comprenda que las circunstancias no determinan la valía de las personas. Póngase en el lugar de ellas y piense cómo quisiera que lo vieran los demás si usted se hallara en la misma situación. Separar las decisiones y la conducta de la persona de su valor intrínseco y de su potencial divino nos ayuda a verlas como lo haría el Salvador.
• Ore para amarlos
Ore por ellos con regularidad, mencionándolos por nombre, e implore paciencia para cultivar una verdadera amistad. Considere con espíritu de oración el servicio que presta. ¿Hay diferencia entre lo que usted hace y lo que ellos en verdad necesitan?
Jesús pasaba Su tiempo con personas de muchas procedencias distintas: ricos, pobres, gobernantes y gente común. A menudo era víctima de la crítica incorrecta de los demás cuando lo veían y contemplaban Sus circunstancias aparentemente pobres o insignificantes. “Cuando le veamos, no habrá en él atractivo para que le deseemos.… Fue menospreciado y no lo estimamos” (Isaías 53:2–3).
Fuente: Liahona julio 2019
